viernes, 6 de febrero de 2015

Jugando a ser dioses


Muy poco se habla sobre los efectos de la modificación genética en los organismos y en el medio ambiente, los denominados OGM (Organismos Genéticamente Modificados) o transgénicos, un nefasto experimento a nivel mundial que puede llevarnos al desastre total. Conviene recordar que al principio los agricultores eran optimistas con respecto a los cultivos transgénicos, puesto que tenían que aplicar menos pesticidas para acabar con los depredadores más comunes de cada cultivo. Sin embargo, con el paso de los años, al romperse el delicado equilibrio del ecosistema con la desaparición de dichos depredadores, otros insectos empezaron a reproducirse sin control. A raíz de ello, ahora los agricultores que usan transgénicos tienen que usar más pesticidas que cuando no usaban semillas transgénicas. Pesticidas que, casualmente, fabrica Monsanto, la corporación que controla la mayoría de la producción transgénica a nivel mundial. Una trampa que asfixia a millones de agricultores en todo el mundo, incluidos aquellos que no utilizan este tipo de cultivos y son acusados de utilizar «sus» semillas transgénicas, ya que al estar patentadas no se pueden usar sin antes comprárselas. Evidentemente, dichos agricultores no pueden evitar que el viento, los pájaros o los insectos transporten las semillas transgénicas a sus campos. El testimonio de estos agricultores, así como la historia de los transgénicos, se relatan en el magnífico documental emitido en Odissea “El futuro de la comida”.

      Aunque la excusa para el desarrollo de este tipo de cultivos es reducir la desigualdad y el hambre en el mundo, la realidad dice todo lo contrario. Los campesinos están obligados a comprar las semillas transgénicas cada temporada (no se puede usar las semillas de una planta genéticamente modificada) y a depender por tanto de las grandes multinacionales que controlan este tipo de semillas patentadas, lo que les empobrece aún más. En India, por ejemplo, Monsanto está causando una oleada de suicidios entre los agricultores hindúes, cuya única opción es adquirir las semillas de Monsanto endeudándose con intereses de usura (ver el documental “El mundo según Monsanto”). También se están perdiendo las variedades de cultivos locales que se habían adaptado durante siglos a las condiciones climáticas de cada zona y se está incrementando la pobreza, ya que las tierras de los cultivos transgénicos requieren más aplicaciones químicas. No olvidemos que Monsanto es responsable de la creación de los venenos más tóxicos de la historia, entre ellos el agente naranja usado por las tropas americanas en la guerra de Vietnam, así como PCBs y dioxinas. En Argentina se usan 190 millones de litros de glifosato para el cultivo de soja, el pesticida de Monsanto, con nefastas consecuencias para la salud de la población. Según la propia Comisión Europea «el proceso de creación de organismos modificados genéticamente está rodeado de incertidumbres, que pueden dar lugar a multitud de efectos imprevistos».

      Tras 15 años de cultivo, se ha comprobado que las semillas modificadas genéticamente no reportan los beneficios prometidos por la industria biotecnológica, por no hablar de las grandes incertidumbres sobre la inocuidad de los productos que contienen ingredientes transgénicos, sobre todo a medio y largo plazo. Afortunadamente cada vez son más las personas conscientes de la nocividad de estas semillas, lo cual ha evitado su exportación en buena parte de Europa, a excepción de España, Portugal y República Checa. De hecho, España centra actualmente el 90% de la producción de maíz transgénico en Europa (sólo un 1% de todo el maíz cultivado en Europa es transgénico). A pesar de los recelos de agricultores y consumidores, el respaldo concedido a estos cultivos por el gobierno español ha propiciado su expansión. La diputada de ICV Laia Ortiz advirtió en 2012 que España se quedará aislada en la UE, ya que “no podrá hacer agricultura ecológica por la contaminación”. Recordemos que los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMGs) en un laboratorio mediante técnicas que consisten en introducir en un ser vivo genes que no pertenecen a su misma especie.

      En un interesante artículo de Ecologistas en acción (www.ecologistasenaccion.es), bajo el título "Riesgos de los cultivos transgénicos" se dice que la inserción de ADN extraño en una posición no deseada dentro del genoma puede potenciar, silenciar o perturbar los procesos de producción de proteínas. El promotor insertado puede también activar a otros genes presentes en la planta, modificando su comportamiento. La presencia de la proteína extraña puede alterar vías metabólicas importantes para la planta. Los trastornos originados por el proceso de manipulación genética en las plantas pueden manifestarse de inmediato, o al cabo de varias generaciones. También pueden aparecer en determinadas condiciones ambientales o de estrés. Durante una ola de calor padecida en 1999 en EE UU, por ejemplo, la soja transgénica de Monsanto padeció una devastadora y misteriosa infección por un hongo, que provocó considerables daños en grandes superficies. Posteriormente se demostró que las plantas eran más vulnerables al ataque del hongo debido a una producción de lignina inusualmente alta, asociada a la manipulación genética del cultivo, que hacía que con la ola de calor los tallos se agrietasen. Este problema ocasionó pérdidas considerables a los agricultores del sur de EE UU. También se ha observado que los tallos del maíz Bt tienen un contenido de lignina más elevado que el convencional, siendo rechazado en algunos casos por la ganadería.


      La mayor parte de los cultivos MG que se comercializan actualmente llevan genes marcadores de resistencia a los antibióticos, empleados en el proceso de manipulación genética. Se ha demostrado que el ADN y las proteínas pueden resistir el proceso de digestión, permaneciendo intactos en el estómago de los mamíferos, donde conviven con multitud de bacterias, pasando incluso al torrente sanguíneo y a otros órganos del cuerpo. La ingestión de alimentos transgénicos que contienen la enzima que degrada el antibiótico pudiera, en consecuencia, anular la eficacia de un medicamento consumido con la comida. Más preocupante aún es la posibilidad de que los genes marcadores pasen de los alimentos a bacterias presentes en el estómago y en el intestino de las personas (y del ganado), que desarrollarían resistencia a antibióticos valiosos en medicina. Se ha comprobado experimentalmente que la posibilidad de transferencia de genes de alimentos transgénicos a bacterias gastrointestinales, que se decía era altamente improbable, no solo ocurre, sino que se da con una frecuencia mayor de la esperada. Como consecuencia de esta transferencia, podrían perder su eficacia tratamientos médicos actuales de considerable importancia en la lucha contra enfermedades infecciosas. La resistencia a los antibióticos es también preocupante en el caso de cultivos destinados a pienso para animales domésticos, actualmente la mayor parte de los OMG. Parte del ADN contenido en los alimentos se degrada durante el proceso de elaboración o cocinado, pero el resto es ingerido intacto. Durante la digestión la mayor parte del ADN consumido se hidroliza. Sin embargo se ha demostrado la presencia de ADN transgénico intacto en el intestino delgado, que puede ser incorporado a bacterias en este medio. Se ha demostrado también que el ADN puede pasar de los residuos vegetales de los cultivos a bacterias del suelo, aumentando de forma alarmante la posibilidad de propagación de resistencia a los antibióticos en los miles de hectáreas de OMG cultivados.

      La profusa utilización en ingeniería genética de virus, de bacterias y plásmidos bacterianos (todos ellos con una gran capacidad de recombinación y de intercambio de material genético con otros microorganismos, y diseñados para atravesar las barreras de las especies) constituye una auténtica bomba de relojería, pudiendo contribuir a la creación de nuevas enfermedades con enormes riesgos para la salud humana.

      Si el control de la agricultura y la alimentación se concentran en unas pocas manos, el futuro de la humanidad estará seriamente amenazado.



José Carlos Andrade García

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